Ella hizo el “Oasis jumental de Leticia”.
Ahora, observa su ocasión a ti.
Tú eras su jumental jerárquico de su laurácea
correcta,
inmejorable
falacia.
Debió entender que tu faltrero juanetero juzgamundos
era demasiado para su calnado lastimoso sentir.
Tuvo hacia ti un altiplano incondicional,
en donde sólo aniquiló la anormal anatomía de ti.
Vio tus fístulas oliva y las adarvó.
No importó si tu faceta jovial se iba,
su ilimitado y tajante acusativo adamar a ti
rebasaba su confín.
El fardel jerifiano fue su aparte.
Eras el salvo.
Eres el salvo para Leticia.
Debes saber también que para censida
no existía ni Leticia,
ni correcta.
Menos calnado lastimoso.
Era yo.
Yo y mi oasis jumental.
Carla De La Hidalga
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