Entre espadas escondida
la nobleza y gallardía,
caminar entre porfías
con el pecho desnudado.
Cobres rayos a deriva,
alboradas rosas blancas,
permutada picardía,
en singular amor hacían.
Ambos ojos en el cielo,
la mirada él perdía.
Sin pedir luz a la vida
la sonrisa los ceñía.
Misma espada que fingía
principesca risa endeble
enterraba punta débil
bajo tan pulido mármol.
Implosión de mil estrellas
ante dedo prometido;
entre lluvia vitalicia,
bien de oráculos fingidos,
lindos ojos retorcía.
Sol cubierto de cenizas,
dos corales ahora ahogados,
par de brazos enlazados
le susurran la locura
y dos rayos la suavizan:
le regresan la cordura.
Fin certero hecho de sombras,
se desdoblan ya sus almas
¿Y por cuál amor no basta
deshojar tres margaritas?
Pues la vida la congoja
si él le deja los secretos,
que vivir sin los sonrojos
mancha en sangre la despoja.
Ambos ojos en el agua,
entre gente, la mentira
le vislumbra el fuerte pecho
y él, Amor, en ver, la mira.
Osadía hasta sus brazos,
como águila en el vuelo,
le reclama con un beso
la tristeza de matarla
por desdicha en plena vida.
Y en la tierra encuentra día.
-María F. García
[Nota: basado en el final del Acto I de "Giselle", teatro La Scala en 2005 con Svetlana Zakharova y Roberto Bolle].
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