domingo, 12 de abril de 2015

Inherente


<<All your life to think of / what a mess you made / dig a hole in the ground / for your wedding ring>>  Dilly, Band of Horses.


en tu batalla perdida dejaste una marca cerca del muslo,
es roja, una curva larga con puntos que muestran cicatrices,
la he descubierto a la hora de regarme con el agua de sandía
que haría florecer mi cuerpo formado de puntos suspensivos;
la batalla y las cicatrices y el agua de sandía son un puente
que se va desquebrajando poco a poco y voy caminando así
de forma ciega y confiada. pero tu canto va atrás del mío y
decides cortar el puente o cortarme la pierna que muestra
la herida del olvido y la derrota. en fin. lo cortas. me aferro
a la brisa que permite mantenerme suspendida en este verso,
pero el calendario también es una hoja y sus vertientes son
punzocortantes y me hacen desfallecer. caigo en la ciudad
que tú mismo pintaste triste. caminamos por el sendero
iluminado y te digo que si tú moldeaste las calles de forma
que esto no funcione, y me pregunto si en tus ojos no sólo
el terror te hace un niño. no iré contigo, te abandono, eres
mil veces más egoísta y caprichoso que en mi imaginación.
te destrozo. sí.  pero no lo sabes. y quiero seguir sufriendo
lo mínimo que sea necesario para destilar lo último de ti.
si tanto solo pudiera jugar tan igual de sucio que tu sonrisa.
pero lo hice. lo hago todavía. mientras lagrimeo también estoy
muriéndome de la risa entre tu ignorancia y la de tu amor
que pende de mis labios a los de ella. así es el erotismo.
decido que es la hora y no puedo abrazarte.  te consumo.
y no lo sabes. quieres gritar que siempre te equivocas. sí.
seguí caminando aunque las caras trataran de reconocer
mi dolor transparente. pero nadie pudo. ni se atrevieron
a preguntarme si algún día tu verdad sería descubierta o
si yo también algún día podría inclinarme a besar el agua
que desemboco. te dije que ojalá el país fuera como nosotros
porque se movía. error. para nada nos estábamos moviendo
sino sucumbiendo ante la estupidez de los días de abril:
me derramé en el campo a llorar sobre mi rebozo negro
 y esta vez duró lo mismo que cuando decidiste despedirte
y yo, no llorar. y ser otra. y dejar de quererte desde las seis
de la mañana. sí. dejé de llorar. para cuando leas este verso
estaré seca. y fría. el campo se mantuvo en su cadencia y
 me pregunté si sabrías que estaba ahí, tirada en el pasto
observando el cielo que iba volviéndose púrpura de a poco:

ídem. sólo me queda este amanecer y su flagrante vuelo.



Nicté Toxqui






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