lunes, 29 de junio de 2015

¿Qué iba a escribir aquí?

The art of losing isn't hard to master; 
so many things seem filled with the intent
to be lost that their loss is no disaster.
<<One Art>>, Elizabeth Bishop

Supongo está bien vivir con un miedo, uno que palpite al unísono con nuestros latidos. Supongo los miedos son naturales. La verdad, he vivido con el mío desde hace tanto que ya no recuerdo qué se siente despertar, verse radiante en el espejo y comenzar desde cero el día. No, despierto con una fobia: con el miedo de un día despertar tan temprano como siempre, a las 7:15pm, tras el intento fallido del suicidio e ir al espejo y ver a alguien ahí, una silueta familiar y al mismo tiempo irreconocible, que haga los mismo movimientos que yo pero contrariados. Observarla por segundos que queriendo pasar eternos fracasan y mueren convirtiéndose en minutos. Contemplarla sin pestañear hasta llegar a la ira de un puñetazo en su contra diciendo "¡esa no soy yo, quítate, aléjate!".

Supongo cada uno de nosotros tiene un miedo que intenta disimular; lo sabe, lo siente y sin embargo, lo esconde ante los ojos curiosos del exterior. Nunca me dieron miedo las matemáticas, nunca me desagradaron, no sé, tal vez en algún momento sí pero ahora, ha pasado tanto tiempo que no lo recuerdo con certeza. Cada mañana mientras preparo mi café cuento del uno al cien. Me da miedo un día no poder seguir la cuenta "ochenta y dos, ochenta y tres... ochenta y dos, ochenta y tres... ¿ochenta y seis?". Rumbo al trabajo, cuando el semáforo ilumina rojo, sumo los dígitos de las placas de los coches para no atrofiarme, para no olvidar en algún lugar de la mente que dos más tres y tres más dos dan lo mismo porque "el orden de los factores no altera el producto".

Vivo con el miedo de que a mitad de una noche no sepa cómo me llamo o cuándo nací o cómo se llama mi primer hijo, de ir olvidando todo lo que tarde una vida en aprender y perfeccionar. No saber más el cómo de unas cosas o el por qué de otras. Tener que vivir en una estricta rutina donde no pueda rezongar de cualquier tontería porque los antidepresivos mantienen silenciadas las voces en mi cabeza. No, no habrá nada que evite mi deterioro, sólo existirán pastillas para controlarme, para dejar de ser un peligro para mí misma y para los demás.

El miedo irracional de un día día sólo conversar con un eco eco ajeno ni siquiera propio ajeno-propio porque el propio está cansado
       o perdido
                     ido
                       ido
                          do
                             do
                                o

Supongo está bien vivir con un miedo, uno que palpite al unísono con nuestros latidos. Supongo los miedos son naturales. El mío me conduce a la locura sin que siquiera haya llegado. El miedo de estar aquí y ahora, ausente sin querer estarlo.




Montserrat Flores


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