Hubo una
vez que me tapaste los ojos
y creí que
estábamos jugando
pero te
empeñabas en censurarme
para que
no dijera al mundo
que quería
comerte de un bocado
que quería
hacerte el amor
que quería
difamarte en un poema
decirle al
mundo que nunca supe
cómo ser
la mujer de tu vida
que la
mujer de tu vida quiso
asesinarte
cuando el
cuchillo cortara
tu
garganta en un movimiento
y la
sangre borboteara
alrededor
de la habitación
que tenía
periódico como
papel
tapiz, el mundo se
alebrestaría
por completo,
los
hombres se volverían
feministos
por miedo a la
muerte, harían manifiestos
las
mujeres se levantarían
de sus tocadores y espejos,
matarían
mil hombres que les
hayan roto
el corazón por las
mismas
tonterías que sufren
a los quinces, pero nada pasaría:
en las
páginas del diario
el
asesinato, la asesina
serían
omitidos, y tú
sepultado; en la pared de
la sala victimaria pendería
tu nombre como mi más
ácida venganza.
la sala victimaria pendería
tu nombre como mi más
ácida venganza.
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