–¿Qué has hecho? ha pasado bastante tiempo.–
Tiempo, pienso para mí mismo. –Ya sé pero no escribiste, ni mandaste algo–
–Eso no significa que no me hayas hecho falta– La observo tomar el café, está segura de lo que dice, no titubea, me mira directo a los ojos.
–Además, ya estoy aquí– me dice coqueta –ahora dime qué es lo que has hecho–
–Terminé mi libro–
–Esas son buenas noticias, ¡Felicidades! ¿Qué sigue ahora?–
–La impresión termina a final de año y de ahí supongo esperar críticas, reseñas, respuesta de los lectores...–
–Será un éxito, el de Carlos estaba terrible por donde lo vieras y todos lo amaron ¡hasta parecía mentira!– Ya va hablar de Carlos, hasta que es su favorito, tal vez fue un éxito sólo porque la tenía a su lado en ese entonces. –Voy a hablar con Alejandro para que él se haga cargo de todo–
¡Dios! ¿Por qué sigue hablando de eso? Ya, lo que será será, pues. –¿Para que regresaste?– pregunto de una vez por todas.
–Ya te dije que te extraño, extrañaba, ya estoy aquí–
Todo parece un juego de miradas. Me observa con sus pequeños ojos azules, no me quita la mirada dudosa y seductora. Ya está aquí ¿no era lo que querías? –¿Cuánto tiempo te quedarás?–
–Más que la vez pasada, seguro–
Me toma de la mano y me lleva a la recámara. Apaga todo y sólo somos ella y yo por primera vez después de tanto tiempo...
–Montserrat Flores
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