Normalmente salía a las 6:30pm pero ese día se iba temprano porque necesitaba recoger nuevos libros cerca de Saint Lazare. Así que apagó todo, cerró, cruzó la calle y tomó la línea doce. Se bajó en la quinta estación y entre el tumulto de gente la vio. Vio a la mujer de piel blanca, cabellos negros, ojos grandes y labios rojos. Labios delgados disparejos rojo carmín que parecían cantarle en silencio.
Ella estaba en el otro andén esperando su línea a Porte Chapelle. Llevaba un vestido naranja hasta la rodilla y unos zapatos color nude. Ella era simpleza y elegancia al mismo tiempo. Mateo no dejaba de mirarla y por seis minutos él contempló sus labios rojos. Cuando subió a su vagón, la mujer tomó un asiento del lado de la ventana, giró suavemente su cabeza y en el instante que vio a Mateo, le dio una tímida sonrisa a la par que el metro avanzaba suavemente.
Mateo suspiró y por fin caminó hacia la salida por el centro comercial, pero no podía olvidar esos labios delgados disparejos cubiertos de rojo que incitaban al amor.
Fue un martes a las 6:40pm cuando Mateo la vio por única vez.
-Montserrat Flores
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