Acechando va, con cuidado de no ser vista, atenta a todo detalle. Pasan los días, pero a ella no le preocupa nada, sólo ve a su siguiente presa. Y llega el día donde por fin asalta a su pobre víctima; lo seduce con una mirada, lo encanta con una palabra, lo embruja con su sonrisa. ¡Pobre hombre! Ahora es propiedad de la musa, soñará con ella, escribirá de ella y por ella, sentirá que con ella lo tiene todo y sin ella todo le sobra.
Así es la musa, despreocupada, libre, vanidosa, egocéntrica.
Nunca se fíe de una musa.
-Montserrat Flores
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