martes, 29 de octubre de 2013

Reflexiones del Parque

Ves  una pareja, a lo lejos. Se abrazan sin reír, se besan sin sentir... Al final, cada uno parte mano en mano, sin mirarse. Te parece curioso. ¿No perciben la desenvoltura cruel de los lazos? ¿No sienten el vacío sincero, lo más sincero incluso, del no sentir? ¿No se miran a los ojos y descubren, sin profunda sorpresa, que el sol que se oscurece día a día se ha quedado, en una de esas vueltas, en el subterráneo piélago?  
     Porque tú lo percibes, los miras, lo notas. Son esas cosas inexplicables de la vida, la entropía escondida resiliente a cambiar. La honestidad que llega en máscara de rutina, danzando victoriosa porque es lo que deseaban ellos y todos: el momento en que ambos saben y entienden un mismo lenguaje, los mismos conceptos. 
      Y ellos se van, viviendo su dulce olvido, escribiendo su epitafio, pensando verdades que solían ser mentiras, sumergidos en su ausencia, en ese abrazo sin alas. 
     Y tú te quedas, escuchando la sirena métrica del terremoto, despierto en una metafórica cama de hospital.


María García



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