Acechando va, con cuidado de no ser vista, atenta a todo detalle. Pasan los días, pero a ella no le preocupa nada, sólo ve a su siguiente presa. Y llega el día donde por fin asalta a su pobre víctima; lo seduce con una mirada, lo encanta con una palabra, lo embruja con su sonrisa. ¡Pobre hombre! Ahora es propiedad de la musa, soñará con ella, escribirá de ella y por ella, sentirá que con ella lo tiene todo y sin ella todo le sobra.
Así es la musa, despreocupada, libre, vanidosa, egocéntrica.
Nunca se fíe de una musa.
-Montserrat Flores
miércoles, 30 de octubre de 2013
martes, 29 de octubre de 2013
Reflexiones del Parque
Ves una pareja, a lo lejos. Se abrazan sin reír, se besan sin sentir... Al final, cada uno parte mano en mano, sin mirarse. Te parece curioso. ¿No perciben la desenvoltura cruel de los lazos? ¿No sienten el vacío sincero, lo más sincero incluso, del no sentir? ¿No se miran a los ojos y descubren, sin profunda sorpresa, que el sol que se oscurece día a día se ha quedado, en una de esas vueltas, en el subterráneo piélago?
Porque tú lo percibes, los miras, lo notas. Son esas cosas inexplicables de la vida, la entropía escondida resiliente a cambiar. La honestidad que llega en máscara de rutina, danzando victoriosa porque es lo que deseaban ellos y todos: el momento en que ambos saben y entienden un mismo lenguaje, los mismos conceptos.
Y ellos se van, viviendo su dulce olvido, escribiendo su epitafio, pensando verdades que solían ser mentiras, sumergidos en su ausencia, en ese abrazo sin alas.
Y tú te quedas, escuchando la sirena métrica del terremoto, despierto en una metafórica cama de hospital.
María García
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