Desde
pequeños todos los niños imaginan volar; conocer otros mundos; ir al espacio;
pilotear una nave espacial. ¿Qué pasa con la vida cuando se ve golpeada por un
enorme y radical destino?¿Puede un niño recuperar el lugar de juegos de su infancia?¿Es posible solo
imaginar que pasa la vida sin que esta pase?
Bhuvi Smirnov, es un niño uzbeko, de siete años.
Ojos grandes, cabello lacio y tez morena. No va a la escuela, tiene que ayudar
a sus padres que trabajan en la ruta de la seda. En el tiempo libre que tiene,
corre por los pastizales y se tira en la llanura mirando el cielo y las flores.
Todo es verde y pacífico.
Una tarde de regreso a casa, Bhuvi esta
extremadamente cansado; se baña y se duerme. A las poca horas escucha ruidos
extraños afuera de su casa. Se frota sus ojos. Al abrirlos ve, desde su ventana,
miles de coches y personas con
aparatos raros. Vuelve a frotarlos; esta vez ve una torre de metal gigantesca.
Asustado,
va corriendo con sus papás. Todo había sido un sueño.
Por
la mañana al despertar; frota sus ojos; ve que sus papás miran sorprendidos por
la ventana. Se acerca lentamente. Hay miles de coches y personas con el escudo
de la agencia espacial rusa, montando una torre metálica en la calle.
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